BIOGRAFIA
DE SIMÓN BOLIVAR
EL ORIGEN DEL APELLIDO BOLIVAR
Simón
José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco viene
al mundo el 24 de julio de 1783, como el cuarto hijo del matrimonio contraído
por don Juan Vicente Bolívar y Ponte con doña María Concepción Palacios y
Blanco; el apellido Bolívar completa dos siglos de anclaje en Venezuela, pues
siendo originario de la Vizcaya es trasladado a América por don Simón Ochoa de
la Rementería y Bolívar, arribado a Caracas hacia el año 1587 con el cargo de
procurador y quien por un capricho muy propio de la época, resuelve
prescindir del apellido paterno para legar a sus sucesores el apellido materno,
más sonoro, de Bolívar; que en éuscaro, lenguaje vascuente significa rueda de
molino.
NIÑEZ
La
niñez de Simón Bolívar transcurre en la compañía de sus hermanos María Antonia,
Juana y Juan Vicente, como la de tantos otros hijos de criollos adinerados; el
tiempo se raparte entre la casona de Caracas y la hacienda de San Mateo, bajo
el cuidado solícito de su amada esclava negra Hipólita, a la que posteriormente
identificará con el nombre de madre; aún no ha cumplido los tres años cuando en
1786 fallece su padre, don Juan Vicente Bolívar, a los sesenta años de edad, el
6 de julio de 1792 muere su madre, doña María Concepción, frisando en los
sesenta y tres años; el abuelo materno don Feliciano Palacios, queda como
cabeza de la familia hasta su fallecimiento en 1793; huérfanos quedan bajo la
tutela y el cuidado de don Carlos Palacios, su tío materno.
MAESTROS DEL LIBERTADOR
El licenciado Miguel Sanz fue el encargado de
enseñar las primeras letras a Simón secundado por el capuchino Andújar como
profesor de matemáticas; don Andrés Bello, gloria de letras en América y casi
de su misma edad, le inicia en el conocimiento de la gramática castellana; pero
fue don Simón Rodríguez, Naciso Carreño, quien grabó en su alma juvenil los
conocimientos generales y filosóficos que orientaron su existencia,
convirtiéndose en su inolvidable amigo.
Simón
Bolívar tuvo que presentir en su madurez las dificultades que se opondrían a
sus propósitos de liberar a América; siendo admirable que sabiéndole, lo
intentará sin embargo, a pesar de todo.
BOLIVAR Y SU
RELIGIOSIDAD PERSONAL
Bolívar
fue un católico respetuoso de las creencias religiosas de los demás pero no fue
ni ritualista, ni santero, ni fanático. Al contrario criticaba este
comportamiento.
Ejemplo,
durante la misa permanecía de pie o sentado en forma silenciosa y estática, con
mucho respeto pero sin participar en los rituales de arrodillarse, santiguarse,
cantar o rezar.
Criticaba
la sanaría cuando las imágenes o pinturas carecían de belleza y divinidad o
cuando las exageraciones de los devotos convertían dicha veneración en
idolatría, también censuraba las actitudes y discursos de los sacerdotes cuando
descubría en ellos la ignorancia, hipocresía o exagerados fanatismos.
OTROS ACONTECIMIENTOS EN EL MUNDO
Ya
para 1783 un acontecimiento trascendental, la independencia de los Estados
Unidos, había renovado las ideas sobre la organización del poder público y
sobre los derechos fundamentales de los ciudadanos y establecido la primera
organización republicana de los tiempos modernos. Niño era Bolívar cuándo
estalló la Revolución Francesa y promulgo la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano. En un momento mundial de intensa reflexión sobre las
bases de la sociedad, sucedía una intensa agitación, que echó por tierra
instituciones seculares y exigía una nueva postura, a tono con los tiempos.
Para el momento en que Bolívar ve la primera luz en Caracas, vive en Córceta un
chaval de 14 años, Napoleón Bonaparte, que comenzará a llenar los anales de
Europa cuándo el joven indiano haga su primer viaje trasatlántico y se
encontrará en la cumbre del poder absoluto cuándo, traumatizado por la muerte
de su joven esposa, vuelva a Europa y recorra, acompañado por don Simón
Rodríguez, caminos de Francia e Italia por dónde anduvieran grandes hacedores
de la historia.
MUERTE
DEL LIBERTADOR
Falleció el 17 de diciembre de 1830. Tenía sólo 47 años:
pero ya resonaba la frase del elocuente Choquehuanca, quien desde Perú
pronosticara: "con él tiempo crecerá vuestra gloria como crece la sombra
cuando él sol declina". Sus restos, en la catedral de Santa Marta, fueron
trasladados a la catedral de Caracas en 1842, en apoteosis presidida por el
general Páez y narrada en párrafos neoclásicos por Fermín Toro. De la catedral
pasaron, en el gobierno de Guzmán Blanco, al Panteón Nacional, un templo donde
predomina la afirmación de su grandeza.
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